lunes, 3 de agosto de 2009

TODA LA VERDAD SOBRE LA MENTIRA DEL TABACO - 4



Durante más de cuarenta años, centenares de miles de médicos nos han estado mintiendo deliberadamente.

Los científicos auténticos tienen a los "quasi-médicos investigadores" agarrados por el cuello porque, al cotejar el mortal experimento con partículas radiactivas con el benigno experimento del humo de tabaco, se demuestra de manera concluyente y para siempre, que fumar no puede bajo ninguna circunstancia causar cáncer de pulmón.

Aún más. En un gran experimento que se realizó accidentalmente y que nunca se permitió publicar, los científicos serios demostraron con meridiana claridad que fumar realmente ayuda a protegerse contra el cáncer de pulmón.

Ocurrió así. Todos los ratones y ratas son utilizados solamente una vez y en un experimento científico; luego son destruidos. De esta manera, los investigadores se aseguran de que los resultados de un experimento sobre cualquier sustancia que estén testeando no pueda ser "contaminados" accidentalmente por los efectos conocidos o posibles de otra sustancia.

Pero un día, como por arte de magia, unos pocos miles de ratones de un experimento con humo de tabaco fueron "accidentalmente" a un experimento sobre las partículas radioactivas; el que  mataba a todos los infortunados sujetos del test. Esta vez, contra todas las previsiones, el sesenta por ciento de los ratones "fumadores" sobrevivieron a la exposición de las partículas radioactivasLa única variable existente era su exposición previa a copiosas cantidades de humo de tabaco.

"Ahora me convierto en la Muerte, en el destructor de mundos", Vishnu, Bhagavad-Gita.

La presión del gobierno fue inmediata y los hechos se ocultaron, pero esto no silenció por completo a los verdaderos científicos.

Quizás un poco burlonamente, el Professor Schrauzer, Presidente de la International Association of Bio-Inorganic Chemists, declaró ante un comité del Congreso de los EE.UU. en 1982, que los científicos sabían muy bien y desde hacía mucho tiempo que ciertos componentes del humo del tabaco actuaban como agentes anticancerígenos en los animales de prueba.

Continuó diciendo que, así como los cancerígenos conocidos que se aplican a los animales hacen su efecto, la aplicación de los componentes del humo del tabaco los contrarrestan. Pero tampoco el Profesor Schrauzer se detuvo ahí. Testificó bajo juramento ante el comité que "no existen ingredientes del humo de cigarrillos que hayan causado cáncer de pulmón en humanos", agregando que "nadie ha sido capaz de producir cáncer de pulmón en animales de laboratorios sometiéndolos a humo de tabaco".

Fue una respuesta inteligente a un problema más que complejo. Si el gobierno le bloqueaba la publicación de su revista científica, tomaría la ruta alternativa y llevaría los hechos esenciales por escrito para registrarlos en el congreso.

Previsiblemente, esta dura declaración llevó al gobierno y a los médicos "quasi-investigadores" a un enfado frenético. En 1982 (ese año) habían comenzado a creerse su propia y ridícula propaganda  sin ser desmentidos por miembros eminentes de la comunidad científica.

De repente, cambiaron su estrategia y culparon a otros ingredientes "secretos" añadidos al tabaco de los cigarrillos por las compañías tabacaleras. "Si, ¡tiene que ser eso!" clamaron con gran entusiasmo. Hasta que un puñado de científicos levantaron el teléfono y les aclararon que los mismos ingredientes "secretos" habían sido incluidos en el experimento con ratones, y por lo tanto, quedaba demostrado que tampoco producían cáncer de pulmón.

La cosa se ponía desesperada para el gobierno y la comunidad médica, sobre todo. Dado que las subvenciones anti-fumadores habían comenzado a inicios de los sesenta, decenas de miles de médicos ya habían pasado por las facultades de Medicina donde se les había enseñado que fumar producía cáncer.

La mayoría creía en esa mentira, pero empezaron a aparecer discrepancias. Hasta los doctores más mediocres eran incapaces de relacionar ciertos datos y, al indagar sobre esto, se les dijo que no hicieran preguntas estúpidas.

"El fumar produce cáncer de pulmón" se convirtió en un credo; un mecanismo de creencia quasi religiosa donde la fe ciega se convirtió en un sustituto de la prueba científica.  Pero
incluso la fe ciega necesitaba un sistema de refuerzo que, en este caso, se convirtió en las agencias de publicidad y los medios de comunicación.



En poco tiempo, las pantallas de televisión se inundaron con imágenes de "pulmones de fumadores" terriblemente ennegrecidos y acompañados con el eslogan ese de "morirá en una larga y horrible agonía si no deja de fumar ahora". Por supuesto que todo esto era una mentira patética.

En la batea que se usa en la morgue, los pulmones de un fumador y los de un no fumador tienen un color rosado idéntico, y la única forma de que un forense pueda asegurar que el difunto ha sido un fumador, es que encuentre manchas de nicotina en sus dedos, un paquete de Camels o Marlboro en su bolsillo del abrigo o que uno de sus parientes, irresponsablemente, admita en el registro que ese difunto fumó una vez la hierba maldita.

(CONTINÚA)